Cómo el camino propio de Monteverde detonó el quiebre con el peronismo

Cómo el camino propio de Monteverde detonó el quiebre con el peronismo


En un Concejo marcado por la paridad de fuerzas, cada movimiento pesa. Y en ese tablero, el peronismo eligió jugar fuerte. La ruptura es política, simbólica y estratégica, y golpea justo donde más duele: en la narrativa de renovación que Ciudad Futura había construido con esmero.

Ciudad Futura nació con épica: organización territorial, gestión comunitaria, la ilusión de hacer política sin contaminarse. Pero el desgaste llegó, y llegó rápido. La imagen de Juan Monteverde —otrora faro alternativo— hoy se siente más apagada que combativa. Caren Tepp, que supo ser una de las voces más sólidas del espacio, quedó atrapada en un laberinto entre el discurso y la ejecutividad que nunca terminó de cuajar.

Mientras tanto, el peronismo, que parecía resignado a ser furgón de cola de una alianza progresista, decidió cortar el cordón. Dejó de esperar a que Ciudad Futura creciera y prefirió crecer solo. La jugada no es menor: implica asumir que el experimento alternativo ya no suma… y, peor, que puede restar.

La decisión del peronismo no se explica sin el clima del Concejo. Con bloques fragmentados, acuerdos frágiles y un oficialismo que ordena la agenda, cada voto vale como si fueran diez. En ese escenario, Ciudad Futura dejó de ser un aliado confiable. Su política de identidad antes que de acuerdos funcionaba cuando había aire, pero ahora ese purismo es un lujo que nadie puede pagarse. El peronismo, que venía bancando esa contradicción, decidió bajarse del experimento antes de quedar atrapado en él.

El nuevo mapa político lo confirma sin necesidad de metáforas: Ciudad Futura está cada vez más sola. Perdió centralidad, volumen y capacidad de marcar agenda. Su discurso ya no sacude; apenas acompaña.

La traición que marcó el punto de quiebre

Nada deterioró tanto la confianza como el cierre de listas donde Caren Tepp —esposa de Monteverde— decidió dejar afuera a Eduardo Toniolli, histórico referente del Movimiento Evita. Esa maniobra de último minuto, ejecutada para garantizar que Tepp encabezara la nómina, fue interpretada como un acto de traición y como la confirmación de que los proyectos personales dentro de Ciudad Futura estaban por encima del frente común. Esa decisión, más que un error táctico, fue entendida como una señal política contundente: la alianza tenía un límite, y ese límite lo marcaba el individualismo.

El dato electoral que lo confirma (y que no es menor)

Aunque no es el centro de esta nota, vale una señal final: en las elecciones municipales de 2019, Pablo Javkin ganó por apenas 7.800 votos de diferencia. Si Ciudad Futura —que obtuvo casi el 15 %— hubiera acompañado al peronismo, Roberto Sukerman habría sido intendente. La división que impulsó Monteverde no solo fracturó el presente: ya había definido el pasado político de Rosario.

Lo que alguna vez fue un proyecto que prometía cambiarlo todo hoy queda reducido a un rojo aislado en el tablero legislativo, mientras las fuerzas tradicionales y las nuevas reconfiguran el poder real del Concejo.

¿Será que las luces que buscan prender en Buenos Aires se están apagando en la ciudad de Rosario?

Así quedará el Concejo Municipal de Rosario: 

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