Condenaron a 16 años a López Gagliasso por el doble crimen vial

Condenaron a 16 años a López Gagliasso por el doble crimen vial


Agustín López Gagliasso fue condenado este martes a 16 años de prisión por el doble crimen vial ocurrido el 21 de enero de 2025 en la esquina de Presidente Roca y Wheelwright, donde murieron Tania Gandolfi y su hija Agustina García. El tribunal del Centro de Justicia Penal de Rosario resolvió así el juicio que durante una semana puso bajo discusión la responsabilidad penal de un conductor que circulaba a más de 120 kilómetros por hora por la costanera.

La Fiscalía y la querella habían solicitado 18 años de prisión efectiva y diez años de inhabilitación para conducir, al sostener que Gagliasso actuó con dolo eventual: que se representó el riesgo concreto de provocar una tragedia y, aun así, continuó con la conducción a alta velocidad. La defensa, en cambio, buscó que el hecho fuera considerado un homicidio culposo.

El debate oral comenzó el 7 de septiembre y tuvo como uno de sus puntos centrales la reconstrucción de los minutos previos al impacto. De acuerdo con la acusación, Gagliasso había mantenido un altercado con un motociclista y comenzó a seguirlo cuando circulaba por el túnel Arturo Illia. Al salir del túnel, aceleró hasta superar los 120 kilómetros por hora.

La secuencia terminó cuando el Peugeot 206 que conducía perdió el control, subió a la vereda y embistió al grupo familiar que se encontraba en la zona. Tania Gandolfi, de 41 años, y su hija Agustina García, de 17, murieron como consecuencia del impacto. El padre de la adolescente, Diego García, y la hija menor de la familia también fueron alcanzados, aunque sobrevivieron.

Uno de los testimonios centrales durante el juicio fue el de la joven que viajaba como acompañante en el automóvil. Giovanna R. relató que le pidió reiteradamente a Gagliasso que redujera la velocidad y aseguró que, mientras perseguía al motociclista, parecía no registrar el peligro de la maniobra.

Condenaron a 16 años a López Gagliasso por el doble crimen vial

“Pará porque nos vamos a matar”, le dijo, según su declaración. La testigo sostuvo que el conductor estaba “enceguecido” siguiendo a la moto y que no atendió sus advertencias.

Los peritajes y las imágenes de las cámaras municipales fueron otro de los elementos utilizados por la acusación. Según la reconstrucción presentada durante el debate, el vehículo circulaba a más de 120 kilómetros por hora y no se detectaron marcas de frenada antes de que subiera a la vereda y embistiera a la familia.

También se estableció que Gagliasso había consumido alcohol antes de conducir. La acusación sostuvo que ese dato, junto con la velocidad, las maniobras previas y la persecución del motociclista, permitía encuadrar la conducta en el homicidio simple con dolo eventual, una figura más grave que la planteada por la defensa.

Durante el juicio, el propio Gagliasso declaró por videoconferencia desde el lugar donde se encontraba detenido. Admitió haber acelerado y reconoció que circulaba a una velocidad que no correspondía. Dijo que pensó que podía mantener el control del vehículo y que, cuando perdió la estabilidad, intentó corregir la trayectoria.

También pidió perdón a la familia de las víctimas. “Voy a cargar con esto toda mi vida”, expresó durante su declaración.

El cierre del debate estuvo atravesado por el testimonio de Diego García, esposo de Tania y padre de Agustina. Su declaración puso en primer plano las consecuencias familiares del hecho y el reclamo de justicia. García había sobrevivido al impacto junto con su hija menor, María Victoria, que tenía seis años al momento de la tragedia.

La condena de este martes pone fin al juicio oral, pero también deja planteada una discusión que atravesó todo el proceso: hasta dónde puede llegar la responsabilidad penal de un conductor cuando la velocidad, las maniobras y las circunstancias previas permiten advertir un riesgo concreto para la vida de terceros.

El caso había generado una fuerte conmoción en Rosario desde el mismo día del hecho y derivó en movilizaciones y reclamos de justicia. La acusación había pedido una pena de 18 años precisamente por considerar que no se trató de una simple imprudencia al volante, sino de una conducta en la que el acusado asumió un riesgo extremo.





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