Cada 21 de noviembre el mundo celebra el Día Mundial del Saludo, una fecha pensada para recordar algo tan simple como fundamental. La iniciativa surgió en 1973 de la mano de dos hermanos estadounidenses, Brian y Michael McCormack, que estaban convencidos de que un saludo podía convertirse en una herramienta poderosa para promover la paz.
La propuesta nació en un contexto marcado por tensiones globales y conflictos armados. Los hermanos McCormack pensaron que, si los países lograban mantener vínculos cordiales basados en el diálogo y la comunicación, muchos desacuerdos podrían resolverse de manera pacífica.
Con esta premisa, enviaron miles de cartas en distintos idiomas a líderes políticos, intelectuales, educadores y figuras públicas de todo el mundo, invitándolos a apoyar su iniciativa.
La respuesta fue positiva y así nació el World Hello Day, un día dedicado a celebrar el saludo como símbolo universal de buena voluntad. Incluso su raíz etimológica lo refuerza: “saludo” viene del latín salutare, derivado de salus, que significa “salud”. Es decir, cada vez que saludamos, le deseamos bienestar al otro.
Los creadores propusieron una consigna simple para festejarlo: saludar al menos a diez personas -idealmente desconocidas- y, si es posible, animarse a aprender cómo se dice “hola” en otros idiomas.