Un informe elaborado por Inquilinos Agrupados reveló un fuerte deterioro en la situación económica de los inquilinos en todo el país. El estudio advierte que la crisis habitacional se profundizó y ya no se limita al acceso a la vivienda, sino que impacta de lleno en el empleo, los ingresos y el consumo básico.
Por primera vez, las principales preocupaciones de quienes alquilan dejaron de estar centradas en la vivienda. El 96,4% de los encuestados identificó al salario como su principal problema, seguido por el empleo (94,6%) y, en tercer lugar, la vivienda (94,3%), lo que refleja un cambio en la jerarquía de las urgencias.
En este contexto, el 17,2% de los inquilinos tuvo que mudarse por no poder afrontar el pago del alquiler. La expulsión habitacional se manifestó con mayor intensidad en provincias como Neuquén, Córdoba y Buenos Aires, mientras que en Santa Fe (11,9%) y la Ciudad de Buenos Aires (9,4%) los niveles, aunque menores, siguen siendo significativos.
El peso del alquiler sobre los ingresos es otro de los factores críticos. Siete de cada diez inquilinos enfrentan aumentos cada tres o cuatro meses, lo que dificulta la planificación económica. Mientras un tercio destina menos del 30% de sus ingresos, otro grupo similar debe asignar alrededor del 50%, y el segmento más afectado llega a comprometer entre el 60% y el 100% de sus salarios.
La situación laboral también muestra señales de fragilidad. El 46% de los inquilinos tiene más de un empleo, el 30% debió sumar una ocupación adicional y el 14% perdió algún trabajo en el último tiempo, lo que da cuenta de un escenario marcado por la inestabilidad.
El endeudamiento aparece como una herramienta cada vez más extendida para sostener gastos cotidianos. El 70,9% de los inquilinos mantiene deudas activas, más de la mitad se endeudó para comprar alimentos y el 38,9% lo hizo para pagar el alquiler. Además, el 65,2% registra compromisos con tarjetas de crédito.
En paralelo, el ajuste en el consumo alcanza niveles críticos. El 65,1% de los encuestados aseguró haber reducido el gasto en alimentos y casi un tercio accede a una o dos comidas diarias. Entre los jubilados, la situación es aún más delicada, con altos niveles de recorte alimentario y una fuerte incidencia del alquiler en sus ingresos.
En términos generales, el 89,6% de los hogares inquilinos tuvo que ajustar sus gastos, lo que evidencia la magnitud de la crisis. El informe también advierte sobre un cambio estructural: crece la llamada “segunda generación inquilina”, lo que refleja que el acceso a la vivienda propia se vuelve cada vez más lejano en la Argentina.