Hay un lugar misterioso en Rosario que pocos conocen y que se llama el Baño de Mandinga, también conocido como la laguna del diablo. La leyenda urbana data de 1910 y sigue dando que hablar más de un siglo después.
Según las crónicas de la época, se trataba de un ojo de agua de unos 15 por 6 metros, ubicado en el extremo de la quinta Sanguinetti, a unos 400 metros detrás de la Escuela de Aprendices del Ferrocarril Central Argentino, en la zona norte de la ciudad, entre el cruce Alberdi, la avenida Alberdi y la avenida Mongsfeld.
La historia contaba que durante las crudas noches de invierno aparecía Mandinga: el mismísimo diablo, con joroba, renguera y gritos inarmónicos, que se metía en el agua. Al contacto con el calor del maligno, el agua hervía, y los escalofriantes gritos causaban temor entre quienes llegaban a oírlos. Recién cuando el diablo se alejaba, las aguas se tranquilizaban.
La leyenda fue creciendo hasta volverse mito: se decía que quienes se internaban en esas aguas no salían vivos. Una historia tan escalofriante que, según las recopilaciones, llegó a despertar el interés de un grupo de antropólogos que decidió estudiar el fenómeno.
Los estudios sobre la historia del Baño de Mandinga encontraron incluso un plano de 1899 donde figuran las Calderas Rosarinas SA, lo que sugiere que la zona tuvo actividad industrial en los años previos a la leyenda. El dato le agrega a la historia una capa de realidad que la hace todavía más inquietante.
Hoy, la zona es parte del entramado urbano del norte rosarino, entre el parque Scalabrini Ortiz, el playón de maniobras del ferrocarril, y el Cruce Alberdi, y no quedan rastros visibles del ojo de agua. Pero la leyenda del diablo que se bañaba en Rosario sobrevive en los archivos de misterios y leyendas de la ciudad, y en la memoria de quienes la escucharon de chicos.
Es, sin dudas, una de las historias más raras de Rosario: una laguna embrujada, un diablo rengo y una ciudad que aprendió a convivir con el mito. Si alguna vez escuchás a alguien decir que en Rosario el diablo se bañaba, ya sabés de qué habla: del Baño de Mandinga, la leyenda que ya lleva más de un siglo de vida.