La prevención del suicidio ocupa cada vez más espacio en las políticas de salud, pero para las familias que atraviesan la muerte de un ser querido por esta causa el acompañamiento posterior sigue siendo una deuda. Así lo plantea Marina Promanzio, una madre que hace dos años y medio perdió a su hija y que decidió hacer espacio en ese dolor para hablar con otros y visibilizar una problemática que tiene múltiples aristas. Este domingo participará de una convocatoria en Av. de la Costa y Balcarce, en el cartel de Rosario, para poner de relieve la importancia de la prevención y también de la posvención en casos de suicidios.
En diálogo con Rosarioplus.com Marina afirmó que «hablar sobre el suicidio, generar espacios de confianza, escuchar sin juzgar, preguntar de manera directa y sostener el acompañamiento son acciones fundamentales para detectar situaciones de riesgo y acompañar a una persona hasta que pueda acceder a atención profesional. La escucha y la presencia pueden ser claves para ayudar a prevenir una muerte».
En este sentido, sostiene que el abordaje debe ser integral y pensar en herramientas destinadas a prevenir situaciones de riesgo y también aquellas pensadas para acompañar a las familias después de una muerte. Entre los dispositivos que destaca está el 107, que incorporó atención específica en salud mental y prevención del suicidio, pero señala que no hay una estructura estatal equivalente para quienes quedan atravesados por el duelo.
“La idea de la posvención, además de la prevención, no está tan instalada dentro de las políticas de Estado”, plantea. Para las familias, explica, la necesidad de acompañamiento no termina después de la muerte: comienza entonces un proceso de duelo particularmente complejo, que requiere espacios de escucha y contención específicos.
En su caso, encontró acompañamiento en un grupo de terapia grupal que funciona de manera online y tiene sede en Buenos Aires. La experiencia le permitió compartir el proceso con otras personas que atravesaron situaciones similares, pero también puso en evidencia, según cuenta, la ausencia de dispositivos públicos pensados específicamente para estas familias.
La dimensión de la problemática también debe modificar la forma en que se la aborda. “El suicidio no es un problema individual, es un problema social”, sostiene, y plantea que todavía no se habla lo suficiente de este tema, tanto para fortalecer la prevención como para acompañar a quienes quedan después de una muerte.
«El silencio, el aislamiento, la falta de políticas públicas y la ausencia de redes de apoyo también constituyen factores de riesgo y pueden tener un impacto tan real como cualquier síntoma clínico. Por eso, abordar la problemática requiere no solo atención profesional, sino también comunidades capaces de acompañar, escuchar y sostener a quienes atraviesan situaciones de sufrimiento», insistió.
«En nuestro caso los amigos, la familia, los compañeros de trabajo y toda una red de afectos nos ayudó a poder sobrellevar la pérdida. Y aún hoy es difícil. Pero es importante que haya otra mirada y otro acompañamiento para quienes atravesamos algo así, porque es muy difícil ponerle palabras, pero aún más si no se habla y si no se generan los espacios para hablarlo», sumó Marina.
La convocatoria de este domingo busca justamente poner esas experiencias en común y reclamar políticas que contemplen todas las etapas de la problemática. Los familiares quieren que la postvención tenga un lugar propio dentro de las estrategias de salud pública y que quienes atraviesan una pérdida puedan acceder a acompañamiento sin tener que buscar por sus propios medios espacios disponibles.
Su reclamo, compartido por otros familiares que participarán de la convocatoria, apunta a una respuesta social y estatal integral, que fortalezca la prevención, genere espacios de escucha y acompañamiento y contemple también a las familias y comunidades atravesadas por esta problemática.