“Las bacterias están ganando la batalla, pero aún podemos ganar la maratón”

“Las bacterias están ganando la batalla, pero aún podemos ganar la maratón”



El científico rosarino Alejandro Vila –doctor en Química, investigador superior del Conicet, ex director del Instituto de Biología Molecular de Rosario (IBR) y uno de los especialistas más reconocidos del país– reflexionó sobre el estado crítico de la ciencia argentina, el valor del conocimiento en la economía y los desafíos que plantea la resistencia a los antibióticos.

Vila participó recientemente del encuentro Biolíderes 2025, una experiencia de inmersión científica abierta a referentes de distintos ámbitos. “Para mucha gente es la primera vez que ve cómo se trabaja en un laboratorio. Y eso cambia percepciones: la ciencia no es magia, es trabajo de calidad, pasión y profesionalismo”, destacó.

Al aire de Sí 98.9, el investigador fue contundente al referirse a uno de sus campos de estudio: la resistencia a los antibióticos. “Estamos perdiendo la batalla contra las bacterias. Si no actuamos, para 2050 será la principal causa de muerte en el mundo”, advirtió.

Explicó que bacterias como Klebsiella pneumoniae –causante de infecciones intrahospitalarias y presente en el reciente caso de fentanilo contaminado– ya desarrollan proteínas que vuelven inútiles antibióticos de última generación. “No es para tener miedo, sino conciencia. Necesitamos análisis precisos para dar el tratamiento correcto. Usar antibióticos al azar es acelerar el problema”.

También insistió Vila en que la venta libre y el uso indebido tienen consecuencias graves: “Dos terceras partes de los antibióticos del mundo se usan para engordar animales. Eso es insostenible”.

Consultado por el descenso en los niveles de vacunación, Vila fue categórico: “Las vacunas salvaron millones de vidas. Lo que está pasando hoy es peligrosísimo”. Recordó que patologías como el sarampión volvieron a aparecer en la región y defendió la evidencia científica frente a discursos negacionistas.

Además, reivindicó el valor de la ciencia básica y sus tiempos largos. “Einstein no sabía que su teoría serviría para el GPS cien años después. La aplicación llega cuando la tecnología acompaña. La ciencia no siempre es inmediata, pero siempre es necesaria”.

Estado en retirada

Vila describió como “el peor momento en décadas” la situación del sistema científico nacional. “La Agencia de Ciencia y Técnica está paralizada, no se pagan proyectos, no se lanzan convocatorias. Hoy sobrevivimos gracias a fondos internacionales y al apoyo sostenido de la provincia de Santa Fe”, señaló.

Destacó que Santa Fe mantuvo políticas públicas de apoyo a la ciencia durante gestiones de distintos signos políticos. “Eso nos permite no hundirnos. No estamos bien, pero estamos de pie”.

Contó también que se trabaja en una ley de mecenazgo científico provincial: “Hay gente dispuesta a donar y ayudar, pero se necesita un marco legal con desgravaciones fiscales para que funcione. En muchos países es clave”.

Durante la entrevista, Vila resaltó el potencial económico del conocimiento. “La ciencia convierte pesos en dólares. Invertís en pesos y obtenés tecnología exportable en dólares. Así progresan los países”.

Recordó el caso de la biotecnóloga rosarina Raquel Chan, creadora del trigo transgénico HB4, y otros desarrollos, como la producción de insulina humana a partir de bacterias modificadas o las bolsas biodegradables hechas con almidón de mandioca surgidas del Conicet Misiones.

También mencionó proyectos de gran impacto social, como sistemas para eliminar manganeso del agua en pequeñas comunidades rurales.

Vila, que realizó su posdoctorado en Italia y decidió volver a la Argentina en los 90, agradeció el reconocimiento pero definió la ciencia como “un trabajo de vocación y sacrificio”:
Un becario doctoral entra al sistema a los 30 o 35 años y hoy está bajo la línea de pobreza. No es el salario lo que más nos preocupa, sino la falta de fondos para investigar”.

Y dejó una frase que resume su preocupación: “Cada científico que se va representa 500 mil dólares perdidos en formación. Es un lujo que la Argentina no puede darse”.

Aun así, terminó con una nota de esperanza: “Tenemos un sistema científico sólido, talento extraordinario y una comunidad apasionada. Solo necesitamos continuidad y visión”.





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