La crisis que atraviesa la industria textil sumó en Rosario un caso emblemático. La tradicional marca de indumentaria Laundry, administrada por la firma XoXo SA, se presentó en convocatoria de acreedores en medio de una pesada deuda y un profundo cambio de modelo de negocios: dejará atrás la fabricación local para pasar a comercializar prendas importadas desde Asia.
La presentación judicial expone la magnitud del deterioro financiero de la empresa. Según la documentación ingresada en el Juzgado Civil y Comercial de Primera Instancia de la 5ª Nominación de Rosario, a cargo de la jueza Lucrecia Mantello, el pasivo declarado asciende a $1.791 millones y el patrimonio neto de la compañía es negativo en alrededor de $1.500 millones.
La firma, presidida por Pablo Beltrán, arrastra además una importante deuda impositiva: sólo el pasivo fiscal alcanza los $759 millones. Ahora deberá atravesar el proceso concursal para intentar acordar un esquema de pagos con acreedores y evitar una situación más crítica.
El expediente ya tiene cronograma definido. El plazo para verificar créditos vencerá el 3 de julio, mientras que los informes individuales se presentarán en septiembre y el informe general en octubre. La empresa contará luego con tiempo hasta mayo del próximo año para formular una propuesta de pago.
La situación ya provocó un fuerte impacto en Rosario y la región. El presidente de la Cámara Industrial de la Indumentaria Rosario, Mario Giambattistelli, advirtió recientemente a Rosario Plus que en los últimos dos años y medio cerraron unas 50 empresas vinculadas al rubro y se perdieron más de 20 mil puestos de trabajo formales.
Pero detrás de la crisis financiera aparece también un cambio estructural que refleja el momento que vive buena parte de la industria nacional en función del modelo económico que impone el gobierno de La Libertad Avanza. Laundry resolvió abandonar progresivamente la producción propia y abastecerse con mercadería importada, principalmente desde Asia, para sostener su red comercial y sus franquicias con menores costos operativos.
La decisión aparece como un síntoma de un escenario cada vez más adverso para el sector textil y de indumentaria, golpeado por la caída del consumo, la pérdida de poder adquisitivo y la apertura importadora. Fabricar en el país dejó de ser rentable para numerosas empresas, que enfrentan costos crecientes y una competencia cada vez más agresiva de prendas traídas del exterior.
En ese marco, el caso Laundry funciona como una postal de época. Una marca históricamente asociada a la producción local ahora busca sobrevivir reconvirtiéndose en importadora, mientras intenta ganar tiempo en los tribunales para ordenar una deuda millonaria.