En el año en que celebra su 130° aniversario, el Palacio de los Leones consolida una nueva forma de acercar su historia a la comunidad. El programa de visitas guiadas para instituciones, puesto en marcha este año luego de la experiencia iniciada durante el Tricentenario de Rosario, ya recibió a 1.314 personas distribuidas en 36 contingentes, entre escuelas, organizaciones sociales y asociaciones que recorrieron uno de los edificios patrimoniales más emblemáticos de la ciudad.
La iniciativa, impulsada por la Dirección General de la Administración General del Palacio Municipal, nació a partir del éxito que tuvieron las visitas abiertas al público realizadas durante el Tricentenario y en eventos como Open House, la Noche de los Museos y la Noche de Peatonales. La gran respuesta de vecinos y vecinas despertó el interés por conocer el edificio y permitió dar un paso más: transformar esa experiencia en un programa permanente destinado a instituciones.
«El objetivo de estas visitas es que cada persona que pase por el Palacio pueda conocer la historia que guarda este edificio y entender por qué forma parte del patrimonio de todos los rosarinos. Estamos convencidos de que sólo cuando conocemos nuestro patrimonio podemos valorarlo y comprometernos con su cuidado», expresó Alejandra Ganzini, directora general de Administración General del Palacio Municipal.
Ubicado en el corazón del casco histórico de Rosario, el Palacio de los Leones se convirtió en una parada habitual para los contingentes escolares que realizan recorridos educativos por el centro de la ciudad. Además de las escuelas, ya participaron grupos del Pami, organizaciones comunitarias y distintas instituciones que coordinan previamente su visita.
Cada recorrido se diseña especialmente para el grupo que participa. Las actividades se adaptan a la edad de los visitantes y a los contenidos que trabajan en el aula, incorporando propuestas didácticas que permiten aprender de manera participativa sobre la historia de Rosario, el patrimonio arquitectónico y el funcionamiento del Estado local.
Durante el circuito, los visitantes conocen algunos de los espacios más representativos del edificio, como el histórico Salón Carrasco, los vitrales —entre los más antiguos de la ciudad— y la antigua bóveda donde durante décadas se resguardó la recaudación municipal. En cada una de estas postas se desarrollan actividades lúdicas y pedagógicas que invitan a descubrir el valor histórico del Palacio de una manera dinámica y participativa.
Uno de los principales ejes del programa es la accesibilidad. Para ello se elaboraron materiales de anticipación y recursos didácticos específicos que permiten acompañar la participación de estudiantes con TDAH y personas con discapacidad, favoreciendo una experiencia inclusiva y adaptada a las necesidades de cada grupo.
Las visitas también pueden complementarse con recorridos por el Monumento Nacional a la Bandera y el Museo de Arte Decorativo Firma y Odilo Estévez, conformando un circuito patrimonial que permite conocer la historia del casco fundacional de Rosario y comprender la evolución institucional, política y cultural de la ciudad.
La propuesta busca fortalecer el vínculo de los rosarinos con uno de los edificios más representativos de su historia, promoviendo el sentido de pertenencia y el cuidado del patrimonio común a través del conocimiento y la participación.
Las escuelas, asociaciones e instituciones interesadas en participar pueden solicitar un turno a través del Sistema de Turnos Programados disponible en la página web de la Municipalidad. Los recorridos se realizan en horarios de mañana y tarde, se organizan de manera personalizada para cada grupo y también pueden coordinarse telefónicamente al 341 578-1025.
Un poco de historia
La Municipalidad de Rosario comenzó a funcionar el 12 de febrero de 1860, en un predio donado por el Gobierno Provincial, que contaba con dos edificios muy modestos, de adobe y con pocos muebles. No fue sino hasta finales del siglo XIX que se encaró seriamente el proyecto de la construcción de un edificio nuevo.
El crecimiento demográfico y el desarrollo económico de la ciudad fueron claves para impulsar la decisión: para la última década de aquel siglo, Rosario ya contaba con más de 90.000 habitantes. El 45% de ellos, extranjero.
Mediante una ley emanada del Poder Ejecutivo provincial del 7 de octubre de 1886 se autorizó a la Municipalidad del Rosario a contraer un empréstito exterior en pesos-oro para construir un edificio “de mayor importancia y apariencia”. Para la construcción, la Municipalidad tuvo que comprar terrenos adyacentes a distintos vecinos y a la curia. El empréstito en pesos-oro también fue utilizado para mejorar la situación edilicia y urbana de la ciudad.
El 3 de abril de 1888, un nuevo decreto facultaría a la Intendencia para confeccionar los planos en la Oficina Municipal de Ingenieros destinados a albergar al gobierno local. Unos meses más tarde, el municipio aceptó la propuesta del arquitecto Rezzara para la construcción del Palacio Municipal, en la esquina de Buenos Aires y Santa Fe.
Después de planos desestimados, rencillas políticas, obras suspendidas, acusaciones públicas, complejidades financieras y todo tipo de contratiempos, la ciudad pudo sobreponerse e inaugurar el Palacio Municipal el 24 y 25 de mayo de 1896. La obra duró 8 largos y complejos años.
Los leones
Para poner en marcha el Palacio, apodado así por sus semejanzas con las sedes de gobierno europeas más que con edificios de oficinas habituales de la época, fue otorgada la licitación para la construcción, en primer lugar, a Gaetano Rezzara (aunque no sería él quien finalmente concrete el edificio). El diseño arquitectónico es italiano, de estilo neorenacentista. Su distinción estilística puede notarse tanto en la compacidad y volumetría simple del edificio como en el elemento decorativo que se ven en la fachada y son típicos del renacimiento del norte de Italia: aberturas con arcos de medio punto, las esquinas redondeadas, los ojos de buey y los balcones. El edificio rodea un patio central con arcadas y columnas de orden jónico.
El apodo ‘Palacio de los leones’ viene de los dos felinos que flanquean la escalinata de acceso a la entrada principal, que son coincidentes con los que se encuentran en la escalinata de la catedral de San Lorenzo, Génova, Italia.