Noticias MR | Galupa, una vida de payasadas: de la siesta en Oliveros a la Escuela Municipal de Artes Urbanas

Noticias MR | Galupa, una vida de payasadas: de la siesta en Oliveros a la Escuela Municipal de Artes Urbanas


Galupa no tiene dudas: su primera escuela fue la abuela Gloria Argentina a la hora de la siesta, en Oliveros. A veces, también a la hora de ir a dormir. Los disfraces, los juegos de sombras, los muñecos hicieron que David Delena tuviera desde muy temprano la certeza de que quería ser payaso. Venir a estudiar a Rosario y pasar casi sin querer por el galpón de la Escuela Municipal de Artes Urbanas (EMAU) hizo el resto. David está entre los primeros egresados de la institución con formación en Teatro Callejero y desde entonces nunca se fue. “Es mi casa, mi familia”, dice para definir el espacio del que sigue siendo parte, donde sigue formándose y adonde siempre vuelve.

La escuela, afirma, le abrió las puertas a grandes maestros y referentes. El primero fue Marcelo Palma, su director, pero también Pablo Tendela y Raúl Bruschini. Sin embargo, cuenta que era payaso cuando ya en la adolescencia bailaba para la familia, armaba en la escuela obras de títeres, participaba de murgas y se sumaba con el sacerdote Jorge Aloi a las actividades en el Hospital Colonia Psiquiátrica de Oliveros.

“Oliveros es un pueblo muy conocido por un psiquiátrico muy grande, muchos árboles y el río. Ahí no existía ser payaso y por eso me vine a Rosario a estudiar educación física”, explica. Y si bien reconoce que ya lleva tiempo acá, el hospital fue y sigue siendo un sitio que marcó su vida al igual que lo hizo y hace a lo largo de 83 años con la ciudad donde se crió.

“Todo lo que pasa en ese espacio es muy serio, pero todo es para reír -continúa- El personaje de Galupa en el hospital habilita la risa y entender el doble sentido en un contexto donde a veces es difícil comunicarse”.

Tanto es así que Galupa, su nombre artístico, nació en el hospital una tarde mientras miraban una película. “Yo ya quería ser payaso, tenía el pelo más corto y me quería hacer una peluca con rastas. El personaje de la película se llama Galupa y tenía rastas, desde entonces soy Galupa y con ese nombre todavía me llaman en el hospital, nadie me conoce como David”, señala quien cada lunes a las 12:30 y desde hace dos décadas, acompaña a los internos en el programa de radio ‘De lunes a lunes’, donde los protagonistas son ellos.

“Vengo porque quiero ser payaso”


En sus días como estudiante del profesorado de Educación Física -lo más cercano a ser payaso que había encontrado-, David iba y venía a Oliveros a diario. “En un momento de la vida, pasé por enfrente del galpón de la escuela y encontré un cartel que decía: payaso, malabarista y acróbatas”, rememora.

Entró y preguntó, pero ese año las clases ya habían terminado. Volvió. “Vengo porque quiero ser payaso”, repitió y encontró del otro lado la invitación de Palma a sumarse a la formación en teatro callejero de la que fue parte.

“Me quedé, empecé a circular por la escuela, entendí que me quería quedar y acá estoy desde hace más de 15 años”, dice sobre su relación presente con la EMAU donde siempre vuelve a ver un espectáculo, a capacitarse o a tomar una clase. Y donde, confiesa: “Me alojaron y me mimaron mucho”.

En todos estos años, en los que hace unipersonales o comparte escena con otros compañeros, aprendió que lograr una buena carcajada es “magia”, y cuando le preguntan cómo se logra responde que la clave es “observar al otro para ver donde tiene más cosquillas”.

Tiene la melancolía que heredó de la abuela Gloria Argentina, aunque manifiesta que “el payaso siempre habita ese espacio entre la nostalgia y la risa”.

La Chiringuita


Con la idea de traspasar las fronteras de Rosario y llevar lo que hace “a esos lugares donde ni los payasos ni los circos llegan”, David y Gisela, su compañera y trabajadora social, gestionan desde hace unos años ‘La Chiringuita’, una carpa de circo que, como todas, es móvil, pero tiene una característica clave: se arma y se desarma en unas horas, y tiene capacidad para 300 personas.

Los barrios de Rosario primero, y las escuelas rurales de la provincia después, fueron los sitios donde Galupa desembarcó con La Chiringuita a través de proyectos gestionados por la Municipalidad de Rosario y el Ministerio de Educación de Santa Fe.

“El objetivo es llevar el circo a esos parajes donde la gente nos dice que nunca antes había llegado un espectáculo así y allí es donde hacemos funciones comunitarias”, dice sobre el proyecto autogestivo.

Una de las últimas experiencias, en agosto de 2025, fue bien lejos de Rosario y de Oliveros, en el Paraje El Toba, que es parte de la comunidad Mocoví Kami Yaba en el departamento de Vera. Recorrieron más de 400 kilómetros y encendieron la magia.

Al fin y al cabo también de eso se trata el arte de los payasos.



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