Detrás de cada mural, de cada personaje ilustrado, de cada pieza de mobiliario del nuevo Hospital de Día Oncohematológico del Vilela hay una idea en común: hacer más amable el paso de niñas, niños y sus familias por el efector. Con ese objetivo, la ilustradora Lua Manguito y el arquitecto Martín Lequi Moreno trabajaron en una propuesta que integra arte, diseño y juego para acompañar a quienes transitan tratamientos ambulatorios.
El flamante espacio, emplazado entre el primer y el segundo nivel del edificio de Virasoro 1855, permite desarrollar procedimientos integrales para niñas y niños, incluyendo transfusiones de pacientes hemoderivados, infusiones de quimioterapia, extracción de sangre y procedimientos quirúrgicos en un entorno lúdico y familiar. De esta manera, se rompe con la lógica típica de funcionamiento de los ámbitos clínicos ya que incorpora el juego como parte del tratamiento, lo que reduce el estrés y mejora la experiencia y el éxito de las terapias.
Lequi fue convocado por el equipo de arquitectos que se ocuparon de llevar adelante la obra de remodelación de todo el sector para diseñar la propuesta estética y lúdica del nuevo sector. En este punto, destaca que tuvo un “acompañamiento constante de la gente de la sala de juegos del Hospital”, así como “un ida y vuelta permanente con la arquitecta que estaba a cargo de la obra”, y “hasta incluso con la señora encargada de la limpieza”, subraya y afirma: “Lo bueno es que fue un trabajo muy en conjunto”.
Si bien hubo varias reuniones con los equipos directivos del hospital, integrantes del equipo de Arquitectura Hospitalaria de la Secretaría de Salud Pública y miembros de la Fundación, el profesional rosarino reconoció que tuvo libertad al momento de desarrollar las diversas iniciativas. Incluso esta forma de trabajar le permitió incluir a Lua, quien puso su impronta en la creación de los murales colgados en las paredes y en el diseño de varias piezas lúdicas, entre ellas memotest y rompecabezas.
También se sumaron Lucas, herrero, y Charlie, carpintero, quienes tuvieron a su cargo diseñar y materializar el mobiliario a medida, como las mesas semicirculares de diferentes tamaños, capaces de ser trasladadas y ubicadas en cualquier parte de la sala de espera, o las sillas con pizarras magnéticas que pueden ser intervenidas a gusto de las niñeces.
Dado que se trata de un ámbito donde hay mucha transitabilidad de personas -tanto de las y los pacientes, como del personal que trabaja allí- el objetivo del diseño del área fue “no entorpecer esa circulación, sino mejorarla”, cuentan. Es por eso que cada decisión artística tuvo también en cuenta cuestiones de accesibilidad de quienes concurren cotidianamente al lugar.
Sin embargo, al ser un sector de alta complejidad destinado a pacientes pediátricos con vulnerabilidad inmunológica, el proyecto creativo tuvo que adaptarse a una serie de restricciones vinculadas a la higiene y la limpieza. “Es un espacio donde cotidianamente se limpia el piso, se limpian los muebles, se limpian juguetes que hayan a disposición”, señaló el diseñador del espacio. Por eso las piezas artísticas son de materiales resistentes a la desinfección frecuente y a los componentes químicos de los productos de limpieza sin perder su valor estético.
En la planta alta del hospital, donde las y los pacientes transitan situaciones de mayor aislamiento, las mesas se transforman en bandejas desayunadoras para acercarse directamente a los sillones o camillas. Además, se entregan manteles individuales con las ilustraciones para colorear durante su estadía. También los ventanales son aptos para ser pintados por niñas y niños, una forma de poder desplegar arte sin tener papeles, y tomar el tema del juego como parte importante del tratamiento.

Transformar la espera desde la empatía
Uno de los ejes conceptuales de la intervención es el abordaje de la espera. Por eso, el dúo creativo buscó plasmar el paso del tiempo de una manera sutil y poética. Así, las paredes, techos y ascensores reflejan la transición de las estaciones del año. “Es un espacio artísticamente pensado para esas infancias, pensado para esas familias, para que esa espera sea un poco más linda, más llevadera. Y siempre pensando en la curiosidad de los niños y de las niñas que están todo el tiempo observando todo”, expresó Lua.
En este recorrido cobra vida Cosito, un personaje inventado por la artista bonaerense mientras cursaba la Tecnicatura en Artes Visuales. “Es un ser que está encallado con la dureza de la vida y que puede acompañar cualquier situación”, describió su creadora. Y añadió: “Para mí también representa mucho la ternura, creo que es muy tierno. Algo de esa calma y esa templanza lo lleva con ternura. Es como el personaje que me representa y me gusta que esté en todas las aventuras, en todos los rinconcitos”.

Volviendo a su participación en el proyecto del Vilela, Lua manifiesta que se trató de una intervención pensada desde la empatía, con un diseño que busca generar instancias, aun en la complejidad de los tratamientos, que permitan recordar el paso por el establecimiento de forma positiva.
«Pasan mucho tiempo la familia entera acá y está totalmente ligado a qué te llevás de ese tiempo y esa espera, que en general son situaciones difíciles y complejas”, reflexiona la ilustradora.
En sintonía, Lequi afirma: “Nos pareció importante que sea un recuerdo de un paso un poco más amoroso, más amable. Que en la adversidad del porqué están acá haya destellos de alegría, y que se acuerden del pajarito, de la gallina, de Cosito, en una situación o en otra».
El especialista rosarino sostiene que “lo significativo de este tipo de propuesta es correrse de lo que le pasa a uno y reparar mucho en la otra persona”. “Si yo tuviera que esperar, ¿qué me gustaría que suceda en esa espera?, ¿qué espero si tuviera que esperar?”, se pregunta.

La respuesta de las infancias no tardó en aparecer. La autora de ‘Cosito’ cuenta que una de las devoluciones más emotivas fue recibir fotos de dibujos realizados por niñas y niños que replicaban al simpático personaje. En tanto que al integrante del estudio de arquitectura Doctor Chapatín lo que más le llama la atención es que cada vez que vuelve al espacio ve que “las pizarras de atrás de las sillas están dibujadas, que las mesas están ubicadas de manera diferente”. Y concluye: “Si están jugando en la mesa, si sucede lo que yo imaginaba, o mejor, si sucede algo que yo no imaginaba es igual de divertido, entonces significa que eso funciona”.
Para ambos realizadores, haber formado parte de esta remodelación fue un disfrute. En este sentido, Lequi profundiza: “Más allá del contexto en el cual esto sucede, fue un disfrute por el hacer, por las personas con las que estuvimos haciendo, y por lo que implica hacer esto en este lugar”. Y agrega: “Es muy rico haber trabajado con tantas personas al mismo tiempo”.
Lua, en cambio, produjo sus piezas en soledad, en su casa en una isla del delta de Buenos Aires. Pero comparte que se trató de una experiencia que también gozó mucho y remarca cuánto la emocionó la convocatoria de Lequi para sumarse: “Me abrió mucho la cabeza, me entusiasmó cada detalle de la propuesta, que esté dirigido a las infancias y a un montón de adultos también que transitan las salas todos los días. A mí me despertó mucha mucha creatividad”.
Y cierra: “Y en lo personal como artista también. Poder desplegar y desarrollar un mundo que es interno en unas salas tan preciosas, tan grandes y tan comprometidas con la salud de la gente, es un montón”.
Nuevo Hospital de Día de Oncohematología
El flamante espacio modelo para pacientes oncológicos pediátricos del Hospital de Niños Víctor J. Vilela fue inaugurado a principios de 2026. La obra posibilitó la ampliación del efector en 200 m2, con un presupuesto oficial de $1.021.212.748,10, contemplando los trabajos civiles, el nuevo mobiliario, el ascensor, equipamiento médico y electrodomésticos.
Además, se sumaron los fondos obtenidos por una campaña solidaria encabezada por el influencer Santiago Maratea, que ascendieron a más de $450.000.000, de la que participaron casi 170.000 personas.