La Municipalidad de Rosario participó de un intercambio técnico con la ciudad de Niterói, Brasil, en el marco del Programa de Intercambio Urbano 2026 de Peace in Our Cities. Ambas ciudades fueron seleccionadas por la solidez de sus experiencias en prevención y reducción de violencias urbanas, con el objetivo de compartir aprendizajes, fortalecer capacidades institucionales y proyectar estrategias replicables para otros gobiernos locales de la red.
Rosario y Niterói fueron seleccionadas a partir de una propuesta conjunta que puso en valor la trayectoria de ambas ciudades, la complementariedad de sus experiencias y el potencial de aprendizaje que sus modelos de trabajo pueden aportar a otros gobiernos locales. La propuesta destacó especialmente la claridad de los objetivos, el enfoque en el fortalecimiento de capacidades institucionales y la posibilidad de construir herramientas concretas para enfrentar violencias urbanas complejas desde una perspectiva local.
El intercambio tuvo un carácter estrictamente técnico y estuvo orientado a conocer experiencias de gestión, dispositivos territoriales, estrategias de prevención, sistemas de información y modelos de articulación institucional. No se trató de una visita protocolar, sino de una agenda de trabajo entre dos ciudades que, desde realidades distintas, vienen construyendo respuestas públicas sostenidas frente a la violencia.
La delegación rosarina estuvo integrada por el secretario de Control municipal, Diego Herrera; el Coordinador General del Programa Municipal de Reducción de Violencias, Gonzalo Bonifazi; y el subsecretario de Salud y Territorio, Fernando Vignoni. Durante la visita, mantuvieron encuentros con equipos de gestión de Niterói, se conocieron espacios vinculados al Pacto de Niterói contra la Violencia, dispositivos territoriales, áreas de monitoreo, experiencias educativas, deportivas, comunitarias y estrategias de articulación con organizaciones de la sociedad civil.
A su vez, Rosario compartió el recorrido del Programa Municipal de Reducción de Violencias, con especial énfasis en el abordaje de la violencia altamente lesiva, la asistencia a víctimas y familiares, la producción de información, el trabajo del Observatorio de Seguridad y Convivencia Ciudadana y las estrategias de coordinación con otros niveles del Estado.
Herrera destacó que “este tipo de intercambios permite fortalecer herramientas locales, comparar experiencias y proyectar nuevas formas de intervención urbana desde una perspectiva democrática, integral y cercana. Las ciudades no reemplazan las responsabilidades de otros niveles del Estado, pero sí tienen una capacidad decisiva: estar cerca, conocer el territorio, producir información situada y sostener políticas públicas donde la vida cotidiana sucede”.
“Las ciudades que enfrentan la violencia no pueden hacerlo en soledad. Necesitan datos, equipos, comunidad, decisión política y redes de aprendizaje. Porque reducir la violencia no es sólo bajar indicadores; es recuperar territorios, reconstruir confianza y abrir futuro donde antes avanzaba el miedo”, añadió el funcionario.
El sistema de salud, clave
Uno de los aspectos centrales de la experiencia rosarina que se compartió en los encuentros fue la muestra de la potencia capilar que tiene el sistema de salud municipal, como una de las principales fortalezas de la intervención local. La presencia territorial de los centros de salud permite construir una primera escucha, detectar situaciones críticas, acompañar trayectorias y articular respuestas frente a personas heridas por arma de fuego, muchas veces desde el primer momento en que la violencia deja una marca concreta en los cuerpos, las familias y los barrios.
En ese sentido, Vignoni mencionó: “Desde esa capilaridad, Rosario pudo construir una fortaleza específica en el abordaje de heridos por arma de fuego: no sólo como hecho sanitario, sino como acontecimiento social, familiar, comunitario y territorial que requiere presencia estatal, información, seguimiento y articulación entre áreas. Allí donde la violencia impacta, la red municipal se vuelve una puerta de entrada para cuidar, registrar, comprender e intervenir”.
Más cerca
En tanto, la experiencia rosarina muestra que reducir violencias no implica únicamente producir indicadores o intervenir sobre hechos consumados. También supone construir cercanía, sostener presencia territorial, acompañar a las familias, fortalecer la confianza con las instituciones y convertir la información en decisiones públicas.
“El intercambio permitió reconocer puntos de encuentro entre ambas ciudades: la necesidad de construir políticas sostenidas en el tiempo, fortalecer la presencia estatal en los territorios, articular datos con decisiones de gestión y consolidar modelos de gobernanza capaces de integrar prevención, cuidado, convivencia y reducción de daños”, destacó, por su lado, Bonifazi.
Y tras eso agregó: “En Rosario, la reducción de violencias se entiende como una tarea pública que requiere decisión política, capacidades técnicas y presencia territorial. Aunque los municipios no tienen competencias directas en materia penal o de seguridad pública, son el primer nivel del Estado que escucha, acompaña y organiza respuestas frente al impacto cotidiano de la violencia en los barrios”.