El escape de tres presos de la comisaría 15ª de Rosario, ocurrido en la madrugada de este lunes, reavivó el debate sobre la sobrepoblación carcelaria en la provincia. Aunque los detenidos fueron recapturados en viviendas cercanas, el episodio dejó al descubierto una situación crítica: la seccional de Sarmiento al 4300 aloja más del triple de internos de su capacidad.
Tras el hecho, el gobernador Maximiliano Pullaro admitió que se trata de “un cuello de botella” en el sistema penitenciario. “Lamentablemente vamos a tener estos inconvenientes”, reconoció, al señalar que las comisarías están pensadas para alojar detenidos de manera momentánea, por un lapso no mayor a seis horas, y no como lugares de detención permanente.
Pullaro explicó que en Rosario confluyen dos factores que agravan la situación. Por un lado, la alta tasa de detenciones en la ciudad, que alcanza el 2,3, frente al 1,1 del interior provincial. Por otro, un hábeas corpus dictado sobre la Unidad Regional IX de Reconquista obligó a relocalizar a unos 100 detenidos, lo que redujo aún más la disponibilidad de cupos en Rosario.
Según el mandatario, esta combinación de variables generó una saturación que impacta directamente en las comisarías. “Eso limitó el cupo y nos hizo tener este cuello de botella que estamos resolviendo en estos momentos”, sostuvo, al tiempo que remarcó que la solución estructural llegará con la inauguración de nuevas unidades penitenciarias.
En ese sentido, Pullaro destacó la construcción de cuatro cárceles en la provincia, entre ellas una unidad de alta seguridad conocida como “El Infierno”. Aseguró que en cuatro años su gestión sumará 3.700 nuevas celdas, la misma cantidad que Santa Fe construyó en los últimos cien años, con una inversión cercana a los 400 millones de dólares. “Estamos resolviendo el problema de una vez por todas”, concluyó.