La Cámara de Diputados de Santa Fe aprobó este miércoles la nueva Ley de Municipios, uno de los proyectos estructurales derivados de la reforma constitucional impulsada por el gobernador Maximiliano Pullaro.
Sin embargo, la norma quedó marcada por un dato político contundente: fue sancionada únicamente con los votos del oficialismo, en medio de un rechazo unificado de toda la oposición. El resultado final fue de 30 votos afirmativos, 17 negativos y ninguna abstención.
El proyecto contaba con media sanción del Senado, donde fue aprobado por unanimidad, y ahora deberá volver a la Cámara Alta debido a modificaciones introducidas en el artículo que regula la elección de las comisiones municipales. El texto fue girado y tratado este mismo jueves, dando sanción definitiva a la ley.
Pero a diferencia de lo ocurrido en el Senado, el peronismo y el resto de los bloques opositores votaron en contra, cuestionando tanto el contenido de la ley como el proceso de debate legislativo.
Al tomar la palabra, cada legislador de la oposición coincidió en que la ley fue aprobada sin consensos reales, y denunciaron que el oficialismo “limitó el debate” a instancias formales sin incorporar aportes.
Desde el bloque justicialista de Hacemos Santa Fe, el diputado Marcos Corach remarcó que las propuestas opositoras “no fueron tenidas en cuenta” y sostuvo que se trata de “una autonomía de papel”. “Lo que se presenta como un logro es en realidad un fracaso político”, sentenció.
También desde el PJ, Lucila de Ponti habló de “una oportunidad perdida” y consideró que la ley será “declamativa” si no cuenta con herramientas concretas para su implementación.
Desde el Frente Amplio por la Soberanía, Fabián Palo Oliver afirmó que el proceso fue “una falta absoluta de respeto” y cuestionó que, tras tres reuniones plenarias, el oficialismo haya adelantado que no aceptaría modificaciones. “Otra vez van a aprobar una ley en soledad”, advirtió.
Pero más allá de lo político, los cuestionamientos apuntaron a aspectos estructurales de la norma. Entre ellos, la ausencia de un esquema claro de financiamiento y la falta de un régimen laboral unificado para los trabajadores municipales.
“La ley no garantiza derechos laborales ni un sistema moderno de coparticipación”, advirtió Palo Oliver, quien planteó que sin recursos “solo Rosario podrá plantear su autonomía”.
X de Celia Arena
Incluso sectores con posturas ideológicas divergentes, como Somos Vida o Vida y Familia, se sumaron al rechazo, cuestionando tanto el enfoque conceptual de la ley como sus posibles efectos administrativos y económicos. “De la simple lectura del articulado, encontramos que pretende imprimir una ideología bajo la que manejar el poder”, planteó por caso la diputada Silvia Malfesi.
La indignación opositora se reflejó en una frase de la peronista Celia Arena: “Si todo se define en la Cámara Alta, hubiesen aprovechado la reforma para instaurar la unicameralidad. Es importante devolver la autonomía a ambas cámaras porque sino el oficialismo confunde mayoría con verdad.”
“Siento que ya no jugamos y lo sufro. Porque se que no es contra mí, sino contra quien represento”, resumió luego la diputada del Frente Renovador, Verónica Baró Graf.
Aprobación en soledad
Desde el oficialismo defendieron la iniciativa como un paso histórico en la consolidación de la autonomía municipal. El diputado Joaquín Blanco (PS-Unidos) aseguró que la ley “honra la tradición municipalista de la provincia” y destacó que se trata de “una de las mejores leyes orgánicas del país”.
Blanco subrayó que el texto establece nuevas categorías institucionales, amplía la representación política en los gobiernos locales y crea figuras para localidades de menor escala, promoviendo “una mayor participación ciudadana”.
En la misma línea, el radical José Corral remarcó que el proyecto “es producto de mucho trabajo” y sostuvo que, más allá de las diferencias, “esto funciona de acuerdo a las reglas de la mayoría”. «Hay que ser prudente con la distribución de recursos, lo que no quiere decir que no vayamos a debatir la ley de coparticipación«, planteó.