Una familia padeció una pesadilla real y violenta este miércoles de madrugada cuando irrumpieron en su casa cuatro delincuentes armados y con indumentaria policial. Golpearon y amenazaron de muerte al matrimonio y a sus dos hijos, y al cabo de media hora de tormentos, huyeron con algo de dinero. Les quedó la sospecha de que el atraco obedeció a algo más que la mera intención de robar, según la mujer relató a RosarioPlus.
Sonia Rodríguez, su esposo y sus hijos de 18 y 13 años dormían a las dos de la mañana en su vivienda del barrio Azahares del Paraná, en Fighiera, cuando el ruido de muebles y gritos los sobresaltó. Habían entrado por la puerta del quincho con sigilo, pero una vez dentro actuaron con toda saña. Eran dos hombres maduros y dos jóvenes, todos con pistolas 9 mm a la cintura, pantalones y buzos azules, borceguíes, la cabeza cubierta por pasamontañas y –todo un detalle profesional– guantes para no dejar huellas. También portaban escopetas tipo Itaka.
“Nos agarraron del pelo, dijeron que eran policías, y nos juntaron en el dormitorio de mi hija. Nos pusieron precintos en manos y pies y nos pedían plata”, contó la mujer.
“Nos dijeron que eran policías y exigían dinero. Nos hacían bajar la mirada, y como yo los miraba me pusieron una bufanda en la cabeza. Uno se quedó con nosotros y los otros dieron vuelta la casa, escuchábamos cómo abrían cajones, los placares. Volvían y nos pegaban preguntando por la plata. A los chicos le ponían la pistola en la cabeza. Les dije que somos trabajadores, vivimos con lo justo”, relató Sonia.
El barrio está entre la ruta 21 y el río Paraná, en jurisdicción de Fighiera.
Ella docente, él empleado y arquitecto, su vivienda no destaca como sí otras que están en derredor, donde habitan familias realmente adineradas. Pero los asaltantes los eligieron a ellos. Y lo que pudieron robarle fueron 700 dólares y 300.000 pesos. “No nos robaron los teléfonos por si se los pudiera rastrear. Los jóvenes estaban sacados, querían sangre, pero los mayores sabían muy bien lo que tenían que hacer”, observó.
Los ladrones demostraron tener conocimiento previo de la composición familiar y de los movimientos en el hogar. Luego la familia descubrió que el tejido perimetral había sido cortado antes del atraco, indicio de la planificación del golpe. “Fue llamativo que cortaron el alambre antes de que llegáramos de trabajar, nadie parece haber visto nada, tampoco la seguridad privada del barrio. Ellos supieron por dónde entrar para que no los enfoquen las cámaras del barrio”, reparó.
Sonia relacionó esto con la visita de un empleado del barrio que pudo constatar que la propiedad no está monitoreada por videocámaras. Supone que allí pudo haber una pista. Lo denunció todo en la subcomisaría 11ª y en Fiscalía.
“Mi casa es sencilla, acá viven CEO’s, políticos. Pero nos cayeron a nosotros”, dijo y en su angustia se inunda de sospechas y conjeturas para intentar explicarse por qué.
“Nos vinimos a vivir acá para vivir tranquilos, por un hecho de inseguridad sufrimos en 2013, y nos pasa esto. No es la primera vez que hay entraderas en el barrio”, contó la mujer.
“No se si esto me lo mandó alguien para querer disciplinarnos, porque Sergio y yo somos de decir muchas cosas que acá están mal, que incomodan, y quieren que nos vayamos de acá. Uno me dijo que ‘por qué me hago la rebelde, que vaya al psicólogo’. Y eso algo que me han dicho acá en el barrio los que les molestamos”, relacionó.