La Escuela Municipal de Jardinería es una de las instituciones de formación en oficios más antiguas de la ciudad, y desde hace más de 30 años también forma y prepara para el mundo laboral a jóvenes con discapacidad. Por vocación, impulsado por la memoria familiar y la convicción de que proteger el ambiente es un compromiso ético, Lucas Martino con su trayectoria da testimonio de una tradición rosarina: el cuidado de lo común.
Lucas tiene 26 años y es uno de los estudiantes que transita el camino de formación en la Escuela Municipal de Jardinería. Mientras cursa el tercer y último año de esa tecnicatura, empezó la carrera de Filosofía en la Facultad de Humanidades y Artes de la UNR.
Consultado por la relación entre ambos estudios, sintetiza: “La jardinería es una mezcla de arte y ciencia, y estudiar filosofía me da una visión holística de esto. Porque la jardinería para mí significó un nuevo horizonte de formación, no solamente en mi vida profesional, académica o laboral, sino en la formación de una nueva cosmovisión de un mundo y de un saber local inapreciable».
En este punto, suma su propia experiencia infantil que presenta como el puntapié de su pasión por el trabajo que desempeña: «Lo que me hizo picar el bicho por la jardinería fue una historia familiar, sobre todo de parte de mi abuelo. Yo era el encargado de custodiar el jardín. Era un niño muy curioso, muy inquieto, soñador y muy idealista. Creo que los jóvenes somos eso, tenemos ese cariz, y debemos siempre reivindicar la jardinería como construcción colectiva, como herramienta igualadora de derechos y oportunidades», y amplía: «A mí me quedó esa memoria, porque la jardinería es eso, es conocimiento ancestral. Es esa memoria colectiva que habita en nosotros y que debemos siempre rescatar”.
Cabe mencionar que desde 1994, la Escuela Municipal de Jardinería apuesta a la formación de personas con discapacidad que desean aprender del oficio. En este marco, Lucas aclara: “La escuela tiene cupo porque es obligación que así sea, porque es nuestro derecho y no un favor del Estado, pero yo elegí la jardinería por vocación».
Y seguidamente enumera sus otras motivaciones: “Me interesa todo lo que tiene que ver con la lucha contra el cambio climático, la mitigación de sus efectos, el cuidado del ambiente, el Laudato Sí, el mensaje franciscano de cuidar al otro, la ética del cuidado y el compromiso con la ciudadanía».
Y agrega, en referencia a la institución de la que forma parte: “Además, los valores que promulga la Escuela de Jardinería, como la inclusión y el derecho a la educación, son todos valores que debemos no solamente defender sino posicionar en lo más alto en Rosario”.
En cuanto a la labor que lleva adelante junto a sus compañeras y compañeros en la Dirección de Parques y Paseos de la Secretaría de Ambiente y Espacio Público, el joven jardinero afirma: “El compañerismo lo define todo. En la Municipalidad el trabajo en equipo es el 99% de lo que hacemos y de lo que somos. Somos una familia. Es lo que siempre aprendimos en el trabajo en equipo, de buscar siempre la solución y estamos para eso. Porque la finalidad del empleo público es ser servidor público.”
Y amplía y recalca sobre este eje: “La jardinería, más allá de ser un trabajo interseccional, requiere un trabajo muy colaborativo. Se trabaja mucho en equipo desde distintos espacios, como arbolado o acá mismo en el Rosedal, en espacios verdes, ornamentación, todo lo que tiene que ver con lo paisajístico, son distintas áreas que tienen sus demandas, sus caprichos, sus desafíos y sus desazones también”. A continuación expresa: “La jardinería para mí, como joven, significa regar el suelo con esperanza, volver a ese retorno de aterrizar, de conectarme con lo que somos”.
Animado a dirigirse a sus pares, Lucas manifiesta: «Si le tengo que dar un mensaje a la juventud de la ciudad le digo que estamos trabajando para que crezcan con determinación, con sus sueños, abajo de un árbol proyectando su futuro, estudiando, paseando con su familia, corriendo y practicando deporte»,
Finalmente, elige finalizar el diálogo con una advertencia que a la vez es pedido: «No hay que perderle pisada al cambio climático que no discrimina por estrato social, ni por color político, ni por religión, nos va a afectar a todos. No quiero meter ecoansiedad pero sí hago un llamado a la sociedad para que se involucre desde la movilidad sustentable hasta la separación de residuos, con lo que se pueda para cuidar lo que es de todos».
La escuela
Fundada en 1901 la escuela fue creciendo junto con el Parque de la Independencia y en 1994 con la sanción de la Ordenanza Municipal Nº 5919, la Escuela Municipal de Jardinería Prof. Juan Aníbal Dominguez sumó el ingreso de personas con discapacidad a su propuesta formativa. Desde entonces, estudiantes con distintas discapacidades cursan una carrera de tres años en la que aprenden el arte y la práctica de la jardinería para luego integrarse al mercado laboral, tanto en instituciones públicas como privadas.
Las tareas que desarrollan los egresados abarcan el cuidado de espacios verdes, el mantenimiento del arbolado urbano y la producción en el vivero municipal. Una formación específica con salida laboral real.
La institución tiene también como objetivo fomentar en la ciudadanía el interés por los espacios verdes de la ciudad e incentivar la práctica de la jardinería en el hogar. En ese sentido, funciona como puente entre la institución pública y la comunidad.