Polémica en Rosario: quieren habilitar talas sin control si no responde el municipio

Polémica en Rosario: quieren habilitar talas sin control si no responde el municipio



La iniciativa fue difundida por el propio edil en sus redes sociales con un mensaje directo: “Queremos un Estado que responda. Que inspeccione, que actúe, que proteja a los vecinos. Basta de esperar para resolver lo que es urgente”. Sin embargo, detrás de ese planteo aparece una preocupación concreta: la posibilidad de que, ante la falta de respuesta estatal, particulares avancen sobre el arbolado urbano, incluso con talas sin control.

¿Una puerta abierta a la “anarcodesforestación”?

Especialistas y sectores ambientales advierten que el proyecto, tal como está planteado, podría habilitar una suerte de “anarcodesforestación”: decisiones individuales sin criterios técnicos sobre un patrimonio que es colectivo. El arbolado público no solo cumple una función estética. Regula la temperatura urbana, mejora la calidad del aire, absorbe ruido y forma parte del equilibrio ambiental de la ciudad. Por eso, su intervención suele estar regulada por normativas específicas y evaluaciones técnicas.

La posibilidad de que cualquier vecino pueda avanzar sobre un árbol por su cuenta —aunque sea bajo la justificación de un reclamo no atendido— genera interrogantes sobre daños irreversibles en el ecosistema urbano.

¿Cuán “verde” es Rosario?

Rosario ha construido en las últimas décadas una identidad vinculada a sus espacios verdes, con parques sobre la ribera del Paraná y corredores urbanos forestados. Sin embargo, cuando se analizan indicadores internacionales, el panorama es más matizado.

  • La Organización Mundial de la Salud recomienda entre 9 y 15 m² de espacio verde por habitante como mínimo.
  • Rosario se ubica cerca o levemente por encima de ese piso, dependiendo de la zona y del criterio de medición.
  • En términos de arbolado urbano, distintas estimaciones ubican la relación en menos de un árbol por habitante, lejos de ciudades que duplican o triplican ese estándar.

Esto significa que, si bien Rosario tiene una base verde importante, no está en condiciones de perder masa arbórea sin impacto.

Entre la burocracia y el riesgo ambiental

El trasfondo del proyecto apunta a un reclamo real: la demora en respuestas municipales ante problemas cotidianos (veredas rotas, árboles en mal estado, ramas peligrosas). Pero la solución propuesta abre un dilema complejo.

¿Hasta dónde puede delegarse en el ciudadano una decisión que requiere criterio técnico? ¿Quién responde si se elimina un árbol sano o se genera un daño mayor?

En un contexto donde el cambio climático vuelve cada vez más valioso el arbolado urbano, la discusión ya excede lo administrativo y se mete de lleno en el modelo de ciudad.

Porque la línea entre agilizar soluciones y habilitar intervenciones sin control puede ser más fina de lo que parece. Y en ese límite, Rosario se juega algo más que un trámite: su condición de ciudad verde.





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